Las paredes de la habitación parecían las de un matadero, la sangre chorreaba y el pequeño Johann se desangraba por el muñón de su antebrazo izquierdo. Abdul Jabba se despierta en este escenario y se dispone a detener la hemorragia del niño, mientras Sittichai intenta despertar a Hugo a tortazos. La tarea había terminado y tenían la cabeza de Olaf. Abdul Jabba, haciéndole un torniquete al pequeño lo forzó a elegir entre vivir o morir. Entre lamentos y gorgoteos el niño eligió la vida, por lo que, con el grandote de Hugo ya despierto, el grupo se divide. No hay rastro de Yusuf. Para evitar atraer atenciones inesperadas, mientras Hugo se adelantaba con el crío en brazos, el resto volcaron el gran brasero central para prender fuego a la casa.
Hugo llevó al niño al Nido de Ratas, donde pudieron atender sus heridas. Sittichai y Abdul Jabba se dirigen a la casa comunal donde Rashid hizo el encargo mediante Yusuf. Al no tener ni idea de lo que había pasado con su compañero, decidieron darlo por muerto ante Rashid. Éste, encantado de la prontitud del trabajo, decidió agregar 50 monedas para que el asesino tuviese un funeral digno. Teniendo tanto dinero decidieron no arriesgarse a ir por la calle con tan ingente cantidad de dinero, por lo que alquilaron una habitación en una pensión cercana al Limonar. Hugo por su parte decidió buscar la paz espiritual en los brazos de unas cuantas rameras y el embriagador aroma del vino.
En la noche de la pensión, Ygritte los visitó llevándoles la cabeza de Olga. Descubrieron que es una hechicera muy a tener en cuenta y también una buena curandera. Le confiaron que su hijo había ingresado en el Nido de Ratas y fue invitada a ingresar en la cofradía. Ygritte declinó la invitación, agradeciendo el interés mostrado por el pequeño Johann. Les indicó donde ir cuando necesitasen sanar sus heridas, y se fue con una amplia sonrisa. Las pequeñas ratas habían encontrado una aliada bastante poderosa.
El día siguiente comenzó con una pequeña visita a Johann, el cual, a pesar de la gravedad de sus heridas, parecía recuperarse bastante rápido. Le contaron todo lo sucedido, sin ocultar que eran los responsables de la muerte de su padre, y el chico pareció comprender bien la situación, aunque su frialdad hizo desconfiar a Abdul Jabba, que se dedicó a asustarlo con el rostro cubierto.
El momento para Hassam había llegado, sería llevado ante Famir Al Hashid, el lanista de la estatuilla. Era la cabeza de turco, y serviría para su propósito. Sin lengua no podía acusar a nadie, y aunque pudiese, nadie creería en la palabra de un ladrón. Famir era un hombre opulento, que gozaba de presumir de sus fieros gladiadores y de la belleza de su jardín. El pomposo Famir abrió los ojos de par en par ante el presente que Sittichai, que se hacía pasar por un honrado comerciante, le presentaba. La estatuilla, intacta y en perfecto estado y al sucio ladrón que había perpetrado el robo. Prometió una larga agonía para Hassam, así como accedió a concederles un favor a cambio. Dado que Sittichai quería una propiedad donde poder establecer su negocio, les hizo un pergamino para entregar a Ahmed Omar, un vecino del Limonar con varias propiedades. Ahmed les atendió con una gran sonrisa y al leer el contenido del pergamino, les hizo una jugosa oferta, ya que una de sus casas en la ciudad se les quedó a mitad de precio. Nuestros amigos daban un primer paso importante, adquirían su primer piso franco. Estaba cercano al Zoo, bastante lejos del Nido de Ratas, lo cual resultaba útil para dos cosas: Para usarlo como refugio en caso de tener que salir por patas estando muy lejos del Nido, por un lado; y para que la cofradía no tenga porqué saber de los negocios que sus pequeñas ratas hacen a sus espaldas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario